En 1833, Louis Roederer tuvo una intuición audaz, mucho antes de que su nombre se convirtiera en sinónimo de la excelencia champañesa: valorar la tierra antes que el vino. Al centrarse en la valorización de los Grandes Crus, sentó la primera piedra de una leyenda familiar que atraviesa dos siglos. Esta Casa, con sede en Reims, se ha construido sobre una paciencia inquebrantable y una búsqueda del equilibrio perfecto.
Lo que impresiona de Louis Roederer es esa continuidad apasionada. Cada generación de herederos ha perpetuado ese amor por las cuvées que rozan el mito, como el famoso Cristal. El enfoque está decididamente orientado hacia el terroir, con una gestión parcelaria minuciosa de 250 hectáreas, mayoritariamente clasificadas como Grandes y Primeros Crus en la Montaña de Reims, el Valle del Marne y la Côte des Blancs. Este trabajo de orfebre, mano a mano con la naturaleza, permite que las uvas alcancen una madurez excepcional. El prensado delicado de las bayas, recogidas a mano, garantiza un jugo de una claridad dorada, reflejando la elegancia cristalina de los vinos de la Casa. Es una historia de transmisión, donde la audacia instintiva se mezcla con una fe constante en la creatividad.