La ambición de un vino de clase mundial tiene sus raíces en el valle de Millahue, en el corazón de Chile, un lugar que los locales llaman «el lugar del oro». Fue en 2004 cuando un hombre, el empresario noruego Alexander Vik, emprendió un proyecto titánico: crear un viñedo de excepción. Su idea no era simplemente producir vino, sino fusionar el arte, la ciencia y la naturaleza en una finca de 4.500 hectáreas.
Este terroir chileno, caracterizado por sus microclimas y sus suelos diversos, ofrece condiciones ideales para variedades como el cabernet sauvignon o el carménère. El Domaine Vik adopta una filosofía holística que va más allá de la agricultura convencional. Allí se experimenta con el «barroir» (barricas diseñadas en el lugar con robles de 300 años) y el «amphoir» (ánforas fabricadas con arcilla local). Esta combinación entre tradición e innovación permite que las cosechas revelen una riqueza aromática profunda y una elegancia que les ha valido reconocimiento mundial. Más que una simple viticultura, es un verdadero destino que invita a sumergirse en la excelencia chilena.