Conseguir el vino en 6 meses

Fórmula Bonjour la France
Mes 4, lección 1: Degustar un vino como un profesional.

Degustar un vino como un profesional

Introducción: Degustar no es "fingir saber"

Cierra los ojos e imagina la escena: una cena entre amigos, una botella abierta, y de repente alguien declara con tono experto «¡Ah, se siente bien la guinda y un toque de cuero!». Dudas entre sonreír cortésmente o asentir con aire inspirado. Buena noticia: la cata no es un lenguaje secreto reservado a iniciados. Es, ante todo, una cuestión de sensaciones y atención. Catar es observar, oler, probar... y sobre todo, escuchar lo que tu paladar te cuenta. En este capítulo, descubrirás las bases para entender un vino sin jerga innecesaria, aprenderás a describir tus sensaciones y, sobre todo, a identificar lo que amas.

En el programa de este capítulo:

  • Las 3 etapas de la cata: el ojo, la nariz, la boca.
  • Las grandes sensaciones del vino (acidez, taninos, dulzura, alcohol).
  • Los buenos reflejos para progresar sin complicarse.

El ojo: ante todo, se bebe con los ojos

Antes incluso de probar, tómese unos segundos para mirar el vino.
El color, el brillo, la claridad… todo esto ya ofrece indicios valiosos.

Varía según la variedad de uva, la edad y el estilo del vino:

  • Rojo vivo y púrpura → vino joven y afrutado.
  • Rojo teja o marrón → vino evolucionado, más complejo.
  • Blanco pálido y cristalino con reflejos verdes → vino joven y vivo.
  • Blanco dorado o ámbar → vino rico, a veces dulce.
  • Rosado salmón claro → vino joven y delicado.
  • Rosado frambuesa → más goloso, más estructurado.

Un vino limpio refleja la luz: es una buena señal. Una ligera turbidez no es necesariamente un defecto, especialmente en los vinos sin filtrar.

El consejo del sumiller

Inclina tu vaso sobre un fondo blanco (mantel, hoja, servilleta). Verás mejor los matices y la intensidad del color.

2. La nariz: un primer sorbo... a través del olfato

¿Quieres prolongar la vida de tus botellas? Entonces aprende a protegerlas de sus peores enemigos: la luz, el calor, la sequedad, las vibraciones y los malos olores. Estos trabajan mano a mano para arruinar tus degustaciones... así que identifícalos rápidamente y evita las trampas para optimizar tu momento de degustación.

Provienen de la variedad de uva, el clima y el suelo. Son las primeras notas que detectas (especialmente en el primer aroma).

  • Frutales: limón, durazno, manzana, fresa, grosella negra…
  • Florales: rosa, violeta, espino…
  • Vegetales/Herbáceos: hierba cortada, pimiento (a menudo en algunos cabernets)...
  • Especias “naturales” de la variedad: pimienta (en la syrah), jengibre…

Nacen durante la vinificación (fermentación alcohólica/maloláctica) y a veces durante una crianza corta.

  • Fermentación: notas lácticas (yogur, mantequilla fresca), brioche/levadura (pan, brioche), caramelo inglés (banana/caramelo arlequín en algunos vinos jóvenes).
  • Crianza sobre lías/removido (espumosos): brioche, masa de pan, galleta.

Aparecen con la oxidación lenta y la maduración. La crianza en barrica también puede contribuir (sin explicarlo todo).

  • Evolución de los tintos: cuero, sotobosque, tabaco rubio, humus, trufa, higo seco.
  • Evolución de los blancos: miel, cera de abeja, frutos secos, avellana, nuez, pan de especias.
  • Aportes posibles de la barrica: vainilla, coco, café, cacao, clavo de olor, tostado/ahumado (atención, la madera no es siempre terciaria: es un marcador de crianza).

3. La boca: la verdad del vino

Aquí es donde todo se decide. La degustación en boca permite comprender el equilibrio del vino: ese famoso momento en que todo parece estar perfectamente en su lugar.


Los tres tiempos en boca:

  1. El ataque: los primeros segundos. ¿Es suave, vivo, amplio?
  2. El medio de boca: el momento en que los sabores se asientan. Se siente la textura, la estructura, la materia.
  3. El final: la persistencia de los aromas después de tragar o escupir. Un gran vino deja su huella por mucho tiempo.

Las sensaciones típicas del vino:

  • La acidez: aporta frescura y viveza (manzana verde, limón).
  • Los taninos: dan estructura y textura, con una sensación de agarre en las encías. Consejo de experto: para reconocer la sensación de un vino tánico, coloca una bolsita de té infusionado sobre la lengua. ¿Sientes esa sensación de sequedad? Si un vino es tánico, automáticamente querrás pasar la lengua por las encías.
  • El alcohol: aporta calidez y volumen, una impresión suave y envolvente.
  • Los azúcares residuales: suavizan la textura, dando suavidad y redondez.

¿Un vino equilibrado, qué es?

Es cuando la acidez, los taninos (para los tintos y rosados), la sensación de dulzura (para los vinos semidulces) y el alcohol están presentes sin que ninguna de estas sensaciones predomine de manera desagradable.


En boca, también se pueden percibir:

  • el cuerpo: ¿puedes notar la diferencia entre leche descremada y leche entera? Es la misma sensación para un vino con poco cuerpo y un vino con cuerpo.
  • la persistencia en boca: es la duración de la permanencia de los sabores agradables en la boca. Se mide en caudalías (una caudalia = un segundo).


La herramienta del catador: la rueda de los aromas

¿Reconocer aromas en el vino te parece imposible? Como todo gran deportista, ¡la clave del éxito es el entrenamiento! Ayúdate de la rueda de aromas para identificar los aromas del vino que estás degustando.

Recuerda: la cata es algo personal… puede que no detectes exactamente los mismos aromas que tu vecino: todos tenemos una historia personal con los olores.

4. Los buenos reflejos para progresar

  • Anota tus impresiones. No necesitas un cuaderno de cata de sommelier: un simple “me gusta / me gusta menos” es suficiente al principio.
  • Prueba con varias personas. Los intercambios enriquecen la percepción: a veces se siente lo que otra persona nota.
  • Compara. ¿Dos vinos de la misma variedad de uva en regiones diferentes? Es la mejor manera de captar la influencia del terruño.
  • Entrena tu olfato: ya sea en tu cocina, en el mercado o en los puestos de frutas, verduras y especias diversas, no dudes en acercar los productos a la nariz.
  • Confía en tu paladar. Se educa con la práctica, no con los manuales.

Conclusión: la degustación es un encuentro con el vino

Degustar un vino no es juzgarlo, es comprenderlo. Es un momento de curiosidad, de escucha y a veces de sorpresa. Aprender a degustar es, ante todo, aprender a sentir, a poner palabras al placer y a confiar en tus sentidos.

¡Nos vemos el próximo mes para la lección 5!