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Fórmula Bonjour la France
Mes 3, receta 3: Raviolis de calabacín, relleno de ricotta – espinacas – nueces.
Raviolis de calabacín, relleno de ricotta – espinacas – nueces
¿Calabacines que quedan en tu nevera? ¿Ganas de un aperitivo ligero y equilibrado? Sea cual sea la razón para elegir estos raviolis de calabacín, rellenos de ricotta, espinaca y nueces, ¡no te arrepentirás! Sobre todo si se sirven con un vino blanco fresco, burbujas vibrantes o un rosado ligero.
La combinación perfecta con los vinos de las etiquetas Vif, Tonique o Léger.
Con su frescura y sus notas vegetales, estos raviolis de calabacín merecen vinos tan ligeros como equilibrados. Un blanco vivo resalta la ricotta y las espinacas gracias a su acidez refrescante y sus aromas cítricos. Las burbujas enérgicas aportan ligereza y chispa, perfectas para refrescar el paladar entre bocado y bocado. Por último, un rosado ligero subraya el crujiente del calabacín y la suavidad del relleno, al tiempo que prolonga la sensación de frescura.
Tres opciones, una misma lógica de maridaje: hacer eco de la finura y frescura del plato sin ocultarlas. Vinos rectos y vivos para un aperitivo que respira ligereza.
Ingredientes (4 personas)
- 2 calabacines medianas
- 250 g de ricotta
- 150 g de espinacas frescas
- 40 g de nueces picadas
- 1 diente de ajo
- 2 cucharadas de parmesano rallado
- Aceite de oliva, sal, pimienta
Preparación
- Lave y corta las calabacitas en láminas finas con una mandolina.
- Sofríe rápidamente las espinacas con un chorrito de aceite de oliva y el ajo picado. Escurre.
- Mezcla ricotta, espinacas, nueces, parmesano, sal y pimienta.
- Coloca 2 láminas de calabacita en forma de cruz, pon una cucharada del relleno en el centro y luego dobla para formar un ravioli.
- Calienta los raviolis en la sartén unos minutos, dándoles la vuelta.
- Sírvelos fríos con un chorrito de aceite de oliva y un poco de parmesano.
🌟 El consejo para brillar en el aperitivo 🌟
¿Qué es una “persistencia en boca”?
Cuando hablamos de longitud, medimos el tiempo durante el cual los aromas agradables del vino persisten después de haberlo tragado. Este tiempo se calcula en caudalías, una unidad de aproximadamente un segundo.
Un vino corto en boca: 2 a 3 caudalías.
Un vino equilibrado: 5 a 6 caudalías.
Un gran vino: ¡8 caudalías o más!
Así que la próxima vez que te hablen de longitud, sabrás: un vino que “permanece”, suele ser un vino que deja huella.