La historia del Domaine Schieferkopf comienza hace muchos siglos. En el siglo XII, a pocos pasos de los caminos de Compostela en Alsacia, los monjes cistercienses supieron reconocer e implantar la vid en estas tierras excepcionales. Los monjes sabían elegir su terroir: aprovechando un suelo y un clima fuera de lo común, las viñas prosperaban y ya producían vinos de gran finura.
Este patrimonio hoy es relanzado y magnificiado por Michel Chapoutier, a quien cariñosamente llaman el «revelador de terroir». Él fue quien introdujo el Domaine Schieferkopf, un nombre que evoca la geología única del lugar. Estas ocho hectáreas de viñedo se cultivan en agricultura biológica, una filosofía esencial para que los vinos reflejen la belleza mineral y pura de Alsacia.
Schieferkopf ("cabeza de pizarra" en alemán) rinde homenaje a los suelos de esquisto que confieren a los vinos una tensión y una elegancia raramente alcanzadas. El Domaine firma cosechas que combinan la riqueza aromática típica de las variedades alsacianas con una frescura cincelada, contando con maestría el matrimonio perfecto entre la tradición monástica y la experiencia moderna.