El hombre que dio su nombre a uno de los rones más famosos de Martinica no era un destilador, sino un médico visionario y hombre político: Homère Clément. En 1887, puso la primera piedra de esta institución al comprar la Habitación azucarera de Acajou. Fue en esta tierra, cerca de François, donde todo se construyó. La antorcha pasó luego a su hijo, Charles Clément, quien, graduado del Instituto Pasteur, modernizó la explotación y tomó una decisión audaz para la época: embotellar los rones en el lugar en lugar de venderlos a granel.
Heredera de esta tradición, la Maison Clément es hoy un embajador imprescindible de la AOC Ron de Martinica. El secreto de su pureza reside en la destilación del jugo puro de caña de azúcar fermentado. Cosechadas con cuidado entre enero y junio, las cañas se trituran para extraer el precioso vesou. Tras una fermentación minuciosa, este vino de caña se eleva en la columna de destilación para transformarse en ron agrícola cristalino. Aunque el envejecimiento aún se realiza en las bodegas históricas de la Habitación Clément, el precioso líquido adquiere allí una personalidad única, a pesar de la «parte de los ángeles» tropical que reclama un 8% anual. Una verdadera leyenda viva, que cuenta la historia y el alma de las Antillas en cada degustación.