El arte urbano se invita a nuestras mesas y rompe los códigos de la degustación. Nektart no es una bodega clásica, es un manifiesto audaz nacido de la visión de Guilhem y Hubert de Castelbajac. ¿Su genialidad? Transformar la botella de vino en un lienzo vivo.
Esta iniciativa francesa innovadora une dos mundos opuestos, reuniendo bajo una sola etiqueta a viticultores de renombre internacional y a los mejores artistas del arte callejero. Así, el frasco se convierte en un soporte de expresión artística que se dirige a todos, ya sean amantes de grandes cosechas, coleccionistas de obras efímeras o neófitos curiosos de la cultura.
Con Nektart, la experiencia va más allá del placer gustativo: se aprende sobre arte contemporáneo mientras se saborea el fruto del trabajo de viticultores apasionados. Guilhem y Hubert lograron la loca apuesta de dar una nueva utilidad, estética y cultural, al envase. Es la prueba de que a veces basta un poco de audacia para dinamizar un patrimonio secular. Una hermosa manera de demostrar que la excelencia se encuentra tanto en la calle como en la copa.