Es una historia curiosa la de Les Affiches: la de una "agri-cultura" que transforma el vino en obra de arte, donde cada botella es un lienzo delicioso y sin filtros. Esta editorial audaz crea vínculos entre aficionados, ilustradores talentosos y artesanos-viticultores muy comprometidos en la región del Suroeste.
Para esta cosecha, recurrieron a una verdadera leyenda de Cahors: Pascal Verhaeghe, a quien se une su hijo Jules. Esta herencia familiar se basa en un respeto radical por la vida. Su Domaine lleva treinta años sin usar química alguna, cultivando la vid de forma orgánica y biodinámica. Esta filosofía de intervención mínima se traduce en vinos libres, expresivos y, sobre todo, perfectos para la "actitud glouglou".
No es solo una cuestión técnica, es una cuestión de libertad. El vino revela la personalidad de un padre "atrevido" y un hijo trotamundos, ilustrados por el trazo vibrante del canadiense Burnt Toast. Una cosecha que celebra la unión del arte, el compromiso ecológico y un saber hacer que da al Malbec de Cahors una sed de despreocupación. Un manifiesto para compartir, lejos de la jerga y cerca del corazón.