¿Uno de los rasgos de carácter de La Rioja Alta? La constancia. Retrocedemos el reloj hasta 1890, en Haro, capital de La Rioja, para presenciar la fundación de esta "Sociedad Vinícola" por cinco familias visionarias, vascas y de La Rioja. Anclada en el barrio de la estación, la historia de esta casa se escribe entre un patrimonio centenario y una sed de innovación.
El corazón de esta bodega late al ritmo de las 425 hectáreas de viñedos que posee hoy, extendiéndose por toda España. En la subregión de Rioja Alta, el clima atlántico moldea vinos de gran finura y una acidez buscada, idealmente estructurados por los suelos arcillo-calcáreos y arcillo-ferrosos. La casa honra aquí al Tempranillo, ensamblado con los tradicionales Garnacha, Graciano y Mazuelo para forjar cuvées emblemáticas como Viña Ardanza o Viña Arana. La tradición es reina, pero la vinificación moderna, utilizando instalaciones de vanguardia, impulsa los vinos hacia una elegancia en constante renovación. Es el encuentro exitoso entre el alma española y la precisión técnica.