Una historia de pasión, la de Massimo Gianolli, hombre de negocios milanés, por la vid y el vino, dio origen a La Collina Dei Ciliegi. Estamos en Italia, más precisamente en la región de Verona, tierra bendecida del Amarone, aunque la bodega tiene su sede en Milán. En 2005, Massimo conoce a Stefano Falla, y esta amistad sella la ambición de producir vinos que expresen la riqueza del terroir italiano. Esta bodega representa una búsqueda de la excelencia.
Las vides prosperan en las laderas de la Valpolicella Clásica, donde el appassimento (secado de las uvas) es una tradición ancestral que revela vinos de una concentración y profundidad increíbles. Cada cosecha refleja el compromiso de los Gianolli con una viticultura cuidada. El objetivo no es solo hacer vino, sino perpetuar un arte de vivir a la italiana: convivialidad, placer y una copa que celebra la belleza del país. Esta propiedad firma néctares que honran a Italia y su historia vitivinícola, aportando al mismo tiempo un toque de modernidad.