Armenia, la cuna histórica de la vid, nos recuerda que el vino es mucho más que una bebida: es un patrimonio. El Domaine Karas (que significa "Ánfora" en armenio) encaja perfectamente en esta búsqueda del origen. Es al pie del majestuoso Monte Ararat donde esta bodega, dirigida por Eduardo Eurnekian y su sobrina Juliana Del Aguila, trabaja para devolver la nobleza a este terroir milenario.
Para lograr esta loca apuesta, han recurrido al famoso enólogo-consultor Michel Rolland. Juntos cultivan sus viñedos de Armavir en suelos volcánicos únicos. Estas tierras, ricas en minerales y formadas por antiguas corrientes de lava, confieren a los vinos Karas una complejidad y una estructura fuera de lo común. La ambición es clara: crear vinos de clase mundial combinando la herencia del ánfora y las técnicas modernas. Así, el Domaine Karas firma un vínculo poderoso entre la antigua tradición vitivinícola armenia y la innovación ambiental. Es una invitación a saborear la profundidad de un terroir resucitado.