A los pies del Cáucaso, en el pueblo de Artana, la tradición vitivinícola se remonta a los albores de los tiempos. Es en Georgia, la cuna mundial del vino, donde el Domaine Vismino perpetúa con orgullo una herencia milenaria, la de las fermentaciones en *Qvevri*, esas grandes vasijas de barro enterradas. Anastasia y Mariam, dos jóvenes viticultoras apasionadas, han retomado la bodega familiar para insuflar un aire nuevo. Desde 2015, cultivan sus viñas de manera natural, transformando variedades autóctonas olvidadas, como el Kisi, en vinos orgánicos brutos que vibran con autenticidad.
Su compromiso va más allá de la técnica: es cultural. Inspirado en la historia georgiana, el nombre del domaine evoca el espíritu del *Tamada*, ese maestro de ceremonias esencial en los banquetes (los *supra*), cuyo papel es brindar con toasts poéticos a lo largo de la velada. En cada copa de Vismino se encuentra ese fervor, esa profundidad del alma georgiana. Es un inmersión en un país donde el vino no es solo una bebida, sino un verdadero monumento del patrimonio inmaterial. La bodega, fundada en 2001, firma hoy cosechas que combinan pureza y una frescura inesperada, testimonio del terroir preservado de Artana.