Una historia de corazón y carácter. Es la pasión, puesta entre paréntesis y luego reavivada, lo que hace latir el alma del Domaine Roger Perrin, una casa familiar arraigada en el Valle del Ródano desde 1880. La herencia es asunto de mujeres, transmitida de generación en generación. Sin embargo, la actual viticultora, Véronique Perrin-Rolin, casi tomó otro camino.
A los treinta años, tomó la audaz decisión de retomar sus estudios para convertirse en enóloga, un regreso a la tierra que era evidente. Hoy, ella dirige las vinificaciones con una precisión inspirada, apoyada por su hijo, Xavier, quien siempre supo que sería viticultor. Este dúo dinámico cultiva un viñedo que se extiende sobre cuarenta hectáreas, incluyendo parcelas de denominaciones prestigiosas como Châteauneuf-du-Pape y Côtes du Rhône. Algunas de estas viñas centenarias prosperan en los emblemáticos suelos de guijarros rodados, aportando esa firma sureña de suavidad y concentración a las cosechas. El estilo Perrin-Rolin es claro: vinos intensos, que hablan de un terroir cálido, pero con una bebibilidad notable. El verdadero sentido de una transmisión exitosa.