Más de un siglo de pasión: ese es el legado que impregna cada botella de los Domaines Ott. La aventura comenzó en 1896, cuando Marcel Ott, un joven ingeniero agrónomo alsaciano, se estableció en Provenza, decidido a crear grandes vinos en una región devastada por la filoxera. Su ambición, transmitida de generación en generación, hoy está en manos de los primos Christian y Jean-François Ott.
Este nombre icónico no representa un solo viñedo, sino tres joyas provenzales que garantizan la excelencia de los rosados, tintos y blancos. Hablamos aquí del Château de Selle y del Clos Mireille, dos Crus Classés de Provenza, así como del Château Romassan, pilar de la denominación Bandol, ubicado justo debajo del auténtico pueblo de Castellet. Cada dominio, con sus terroirs distintos (esquistos y cuarzos frente al mar para Clos Mireille, margas y calizas para Romassan), contribuye a una mezcla de rara elegancia. Una búsqueda constante del equilibrio y la finura que convierte al Domaine Ott en una verdadera referencia. Un deleite para los paladares que buscan Provenza en botella.