El Valle de Agly, en el Rosellón, revela un paisaje donde la vid se extiende orgullosamente entre 300 y 400 metros de altitud. Es allí, en Cassagnes, donde el Domaine Modat infunde una energía nueva a un terroir único. Quentin y sus dos hijos, guardianes de un viñedo que no deja de evolucionar, han hecho del compromiso ambiental su causa principal. Desde 2014, el dominio está certificado en agricultura ecológica, y desde 2015, la biodinámica abarca las 25 hectáreas de viñas.
Este enfoque, que sitúa la biodiversidad y la calidad del suelo en el centro de todas las atenciones, permite que la vid se exprese plenamente. El objetivo de la familia Modat es claro: esculpir vinos finos y delicados, que reflejen con elegancia este rincón de Francia. Sus cosechas llevan la huella de este trabajo arduo y respetuoso, ofreciendo sensaciones puras, lejos de todo artificio. Se siente en cada botella la altitud y la frescura, características esenciales para vinos que quieren ser tan aéreos como profundos. Domaine Modat firma un Rosellón que combina fuerza y finura.