En el corazón del Valle del Ródano, algunas parcelas requieren un alma auténtica para revelar todo su potencial. Este es el caso del Domaine la Manarine, resucitado en 2001 por Gilles Gasq. Para este hombre, el vino no es solo una cuestión técnica, es una historia de revancha y herencia, ya que el nombre del domaine es el de la propiedad familiar abandonada en Córcega. Un gesto fuerte que firma de inmediato su filosofía: volver a las raíces.
Este Domaine, anclado en el Ródano Sur, especialmente cerca de Travaillan y en la denominación Châteauneuf-du-Pape para algunas cuvées, es el escenario de una viticultura certificada Biológica. La intervención en bodega se reduce al mínimo estricto. Gilles Gasq deja que las levaduras indígenas hagan su trabajo, evitando el clarificado y aplicando solo una filtración ligera si es necesario. Busca ante todo capturar la verdad del terroir.
Sus vinos, elaborados principalmente a partir de Garnacha, Mourvèdre y Syrah, explotan con frutas negras y notas de garriga. Son botellas que, año tras año, ofrecen una profundidad sorprendente para su precio, encarnando la generosidad y accesibilidad de los grandes Côtes du Rhône. Un enfoque sincero para vinos de una pureza deslumbrante.