El Oppidum de Ensérune no es solo un vestigio antiguo, es el guardián de la historia del Domaine du Bosc. Este lugar, donde la vid se arraigó desde la época romana, confiere a este dominio del Languedoc-Rosellón un alma milenaria. Los viticultores del Bosc caminan literalmente sobre las huellas de sus antepasados, encontrando a menudo vestigios de la civilización romana en sus parcelas, transformando cada vendimia en una verdadera excavación arqueológica.
En 1806, el Domaine du Bosc colocó oficialmente su primera piedra, pero es el legado antiguo del sitio el que dicta su carácter. Este terroir único, nutrido por siglos de cultivo vitivinícola, se expresa en vinos que atestiguan una profundidad y una excelencia indudables. El Domaine du Bosc celebra esta alianza perfecta entre un pasado prestigioso y un saber hacer contemporáneo, ofreciendo cosechas que subliman la identidad poderosa y soleada del Languedoc. Revela una historia en cada copa, rindiendo honor a este suelo histórico.