En la encrucijada del macizo de La Pinada y Alaric, donde la denominación Corbières expresa toda su rudeza, el Domaine Champ des Murailles se ha fijado una misión audaz: retranscribir la totalidad de la riqueza de sus terroirs. Nacido del encuentro de dos artesanos viticultores, este proyecto es un vibrante homenaje a la diversidad geológica de Fabrezan.
Aquí, las viñas se arraigan en suelos contrastantes. Se encuentran tanto suelos arcillo-calcáreos profundos que confieren estructura y densidad a las cosechas, como suelos rojos mediterráneos, más cálidos, que garantizan una madurez solar y brillante. Este diálogo constante entre el clima, las variedades de uva (Grenache y Syrah suelen ser protagonistas) y el suelo esculpe vinos con una tensión natural, lejos de la opulencia excesiva.
El equipo que cuida este dominio es igualmente singular. Compuesto por 39 personas apasionadas, también cuenta con seis valiosos colaboradores: los burros, que trabajan para respetar las parcelas. Este enfoque, donde el ser humano y el animal trabajan en armonía, firma el compromiso del dominio con un terroir vivo y una expresión pura del Languedoc. Beber un vino del Champ des Murailles es regalarse un acento del Sur sin filtro, crudo y vibrante.