En el corazón del Minervois, una viticultora lucha por rehabilitar una variedad de uva a menudo subestimada: la Cinsault. Patricia Boyer Domergue, el alma de Clos Centeilles, ha asumido el desafío con un estilo poco común. Desde 1990, demuestra incansablemente que esta "variedad difícil" puede producir grandes vinos tintos de guarda, desafiando las ideas preconcebidas del Languedoc.
Esta bodega icónica, arraigada en la denominación, es un verdadero laboratorio de autenticidad. Honra su terroir con un enfoque de agricultura sostenible, certificado por la Alta Valoración Ambiental (HVE). La filosofía es clara: dejar que la fruta y el suelo se expresen sin artificios.
Clos Centeilles firma cosechas llenas de sinceridad y generosidad. Exhalan una fruta crujiente y ofrecen una suavidad en boca impactante, sin caer nunca en la pesadez. Lo que fascina es su capacidad de envejecimiento. Estas botellas elaboradas pacientemente pueden alcanzar su apogeo hasta quince años después. Un gran descubrimiento que celebra la fuerza de las variedades mediterráneas y la audacia de una mujer.