Hay un lugar en Moldavia donde el tiempo se ha detenido. En las orillas del Nistru, al sureste del país, se alza el imponente Castillo Purcari, donde antiguamente se encontraba el antiguo monasterio de Agon Zograf. Más que una finca, es una institución, fundada en 1827. Si esta tierra es apodada el «Burdeos moldavo», no es casualidad: goza de la misma latitud que la famosa región francesa y de un suelo con propiedades similares, enriquecido por un microclima templado.
Hoy, el viñedo de 250 hectáreas insufla nueva vida a la viticultura moldava, reconocida como una de las más antiguas del mundo. Purcari valora con pasión sus variedades autóctonas principales, símbolos de la identidad nacional. Se piensa inmediatamente en la *Rara Neagră* y en el mítico *Negru de Purcari*, una mezcla legendaria que ha conquistado los paladares europeos y coleccionado medallas a nivel internacional. Este Castillo firma vinos que cuentan la historia de una nación que ha recuperado la excelencia de su patrimonio.