En la época del Rey Sol, los vinos de Fronsac ya conocían su hora de gloria, apreciados en la corte de Versalles durante las grandes fiestas. Fue bajo el reinado de Luis XIII, hacia 1628, cuando la familia Trocard adquirió lo que se convertiría en el Château Labory, inscribiendo así la propiedad en una línea secular. Esta historia, grabada en actos notariales sobre pergamino, atestigua la antigüedad y la transmisión ininterrumpida de este saber hacer en el corazón de Burdeos.
Hoy en día, es Denis Trocard quien cuida con meticulosa atención estas 3 hectáreas de viñedos. El Château Labory revela el alma de Fronsac con un ensamblaje que da protagonismo al Merlot (80%) por su suavidad y redondez. No obstante, incorpora el Cabernet Franc y el Malbec, un trío que aporta al vino una complejidad aromática y una estructura tánica elegante. Sobre un terroir arcillo-calcáreo típico de la denominación, cada añada gana en calidad, firmando tintos que honran su prestigioso pasado. Este château cultiva la excelencia en la tradición, ofreciendo vinos con carácter y generosos.