La historia de La Lagune es la de una bella durmiente que ha recuperado todo su esplendor. Desde la Edad Media, esta gran tierra de 80 hectáreas, hoy 3er Grand Cru Classé de 1855, era famosa por los quince puntos de agua naturales que la irrigan. Sin embargo, el siglo XX supuso un freno, necesitando un renacimiento completo. Fue la familia Frey quien, a principios de los años 2000, emprendió trabajos colosales, llevando el viñedo hacia una viticultura respetuosa, especialmente en biodinámica.
Caroline Frey, enóloga y viticultora apasionada, dirige hoy el Château. Ha sabido despertar el potencial único de este cru, cuyo terroir se distingue por sus finas gravas. Compuesto de cuarzo, calcita, ágatas y sílice, este suelo drena perfectamente mientras difunde el calor del sol, permitiendo combinar la finura y la elegancia con la potencia característica del Médoc. El Château La Lagune revela vinos finos y equilibrados, firma de un saber hacer que ha atravesado los siglos. Un imprescindible para captar el alma del bordelés.