La audacia de una pareja que redefine el vino de Burdeos. Marine y Florent apostaron por la "Bienveillance" en el corazón de la Gironda, a 50 kilómetros al este de la capital del vino. Desde 2016, estos viticultores comprometidos decidieron romper con los métodos convencionales para abrazar la biología, luego la exigente biodinámica, obteniendo incluso la certificación Demeter en 2020. Es la historia de un regreso al sentido común campesino, donde la paciencia, la rigurosidad y una buena dosis de locura se unen para esculpir vinos auténticos.
Este Château revela la energía vibrante de un terroir trabajado en total armonía con la naturaleza. Marine y Florent cultivan una viticultura atenta a los ciclos lunares y cósmicos, prohibiendo todo producto químico para dejar que la uva se exprese plenamente. Lejos del clasicismo esperado, esta finca firma cosechas que combinan finura y franqueza, capturando en cada botella toda la delicadeza de un Sémillon con acentos florales y la riqueza de la fruta madura. Es una filosofía que infunde a los vinos una elegancia rara, una prueba de que el futuro de Burdeos puede escribirse al ritmo de la naturaleza.