Con solo 22 años, se necesita un gran valor para retomar una finca histórica al borde de la extinción. Morgan Duret es de ese tipo. En 2014, el Château de Montalbret, fundado en 1870 en las alturas de Montagne-Saint-Émilion, estaba en riesgo de desaparecer. Morgan decidió que la herencia de sus abuelos no terminaría así. Este acto de salvaguardia no es solo familiar, sino que también está profundamente orientado hacia el futuro del planeta.
Hoy, Château Montalbret revela una fuerte ambición ambiental. Todo el viñedo florece entre una conversión a la agricultura ecológica y la integración de la agroforestería. Este trabajo meticuloso en las parcelas asegura una biodiversidad rica y uvas de una pureza deslumbrante. En estos suelos bordeleses, la finca esculpe cosechas que combinan la fineza histórica con la vitalidad moderna, demostrando que la juventud y la tradición pueden trazar juntas el camino hacia la excelencia. Es la historia de un joven viticultor que prefirió la tierra a las sirenas de la facilidad, para el mayor placer de nuestro paladar.