Una tierra olvidada que renace de sus cenizas. La historia del Château de Chambert, en el suroeste, es una verdadera epopeya que comienza en 1690. Después de brillar en Francia y a nivel internacional, el dominio de Cahors cayó en el abandono hasta 1973. Fue el flechazo de un hombre, Marc Delgoulet, quien le dio una segunda vida a este patrimonio. Asumió el titánico desafío de resucitar las 65 hectáreas de viñedos, optando inmediatamente por la agricultura ecológica y luego integrando la biodinámica.
Este compromiso temprano con un terroir vivo es hoy perpetuado por Philippe Lejeune. El dominio de Chambert no solo produce vino; honra la herencia de la familia Delgoulet ofreciendo cosechas que expresan la profundidad y singularidad de su suelo. Este emblemático Malbec, que ha recuperado su prestigio, demuestra cómo la pasión y el respeto por la naturaleza pueden combinarse para esculpir grandes vinos del suroeste. Es un trabajo de orfebre, guiado por la convicción de que lo mejor se encuentra en el respeto por la historia y la tierra.