Se dice que el propio Enrique IV habría pisado las piedras de este lugar. El Castillo de Beaulieu es una fortaleza histórica, anclada en Aillas, cuyas viñas fueron vendimiadas por monjes desde el siglo XII. Este legado secular, que confiere al dominio un alma invaluable, está hoy en manos apasionadas de Agnès y Robert Shulte, apoyados por Marc Quertinier.
Su compromiso es claro y admirable desde hace más de 25 años: respetar al ser humano, la vid y el medio ambiente. Es en sus 30 hectáreas de tierra donde llevan a cabo esta alquimia, buscando la expresión más pura del terroir. El equipo trabaja meticulosamente cada cepa, no como un simple cultivo, sino como una reliquia histórica.
Así, el dominio firma vinos que se distinguen por su audacia. Poseen una raza singular, fusionando un carácter afirmado con una elegancia atemporal. Los vinos del Castillo de Beaulieu son una verdadera joya francesa, donde el pasado sublima el presente para ofrecer cosechas de alta calidad.