La anécdota histórica del Château Croix de Rambeau merece ser contada. En el corazón de la Segunda Guerra Mundial, el bisabuelo, temiendo por sus preciadas botellas, despertó a sus hijos en plena noche para ocultar sus mejores añadas bajo el suelo de la cocina. Fue al excavar una nueva bodega, muchos años después, que el padre de Benoît Trocard encontró intactos estos tesoros invaluables de 1929. Una historia familiar, transmitida desde el siglo XVIII, que testimonia el apego visceral de la línea Trocard a esta tierra de Les Artigues-de-Lussac.
Hoy, el Château, anclado en la denominación Lussac Saint-Émilion, continúa honrando este legado. Se extiende sobre magníficos suelos de arcillas rojas y marrones, descansando sobre un lecho calcáreo. Este terroir de excepción es ideal para el Merlot (mayoritario) y el Cabernet Franc. El Château Croix de Rambeau firma vinos que combinan la elegancia bordelesa con la generosidad de la fruta, revelando una estructura profunda y una finura notable. Una casa que demuestra que las historias más bellas a menudo se esconden en el fondo de una cocina.