El aliento de la historia recorre las 11,3 hectáreas del Château Clinet, una de las joyas más antiguas y reputadas de Pomerol. Desde el siglo XVII, este lugar se ha destacado por la calidad de su terroir único, el más elevado de la denominación. En 1998, Jean-Louis Laborde insufla una nueva energía a este mítico vino, al que pronto se une Ronan Laborde, quien lleva al Château a la cima de su arte.
Este viñedo excepcional reivindica un enfoque artesanal, casi meditativo. Aquí, la modernidad se une al gesto ancestral: el trabajo se realiza manualmente, a veces con la ayuda del caballo, para garantizar el respeto a la vid. Se privilegia la vinificación por gravedad, asegurando una manipulación suave del mosto. El resultado es un vino de una pureza impactante, sin filtración ni clarificación, que ofrece una elegancia y una riqueza aromática profunda. Este néctar está hecho para enfrentar las décadas, llevando con orgullo la herencia de un gran Burdeos.